Hombre y mujer aportan a la relación energías opuestas y complementarias. De esta unión nace el nuevo ser dual que ambos son juntos —tengan hijos o no. La mujer y el hombre, en términos materiales, pueden aportar cada uno infinidad de cosas a su relación. Pero no nos referimos a esto ahora, sino a algo más profundo. Las energías más básicas que cada uno, mujer y hombre, aporta a la relación son las que listaremos en la tabla de más abajo. Estos pares de cualidades energéticas que la mujer y el hombre aportan a la relación, no están formados por términos contrarios, sino por términos opuestos.

Para que se entienda esto de la diferencia entre ser contrarios y ser opuestos, digamos por ejemplo, que la ‘creatividad’ y la ‘monotonía’ forman un par de contrarios, pero que en cambio, la ‘creatividad’ y la ‘formatividad’ son opuestos: una cosa es tener una idea (‘creatividad’) y otra cosa es llevarla a la práctica y darle su forma concreta (‘formatividad): pero sin duda alguna ambas cualidades son necesarias para llevar un propósito cualquiera a feliz término. Lo mismo pasa con el resto de las cualidades opuestas y complementarias que la mujer y el hombre aportan a la relación, que son las que ponemos en la siguiente tabla. Para mejor comprensión, leer cada par de izquierda a derecha como complementarios, e ir saltando así de par en par. Por supuesto, ésta es una lista indicativa, no exhaustiva. Se podrían poner muchísimos ejemplos más.

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MUJER HOMBRE
Suavidad Firmeza
Gracia Rectitud
Receptividad Proyectividad
Amada Amante
Seducción Tenacidad
Fuego Madera
Gozo Placer
Excitación Control
Entrega Toma
Amor Autoridad
Expansión Equilibrio
Emprendimiento Estabilidad
Energía Dirección
Materia Orden
Poder Fuerza
Relajación Contracción
Resistencia Velocidad
Nutrición Crecimiento
Creatividad Formatividad
Existencia Conciencia
Ara Devoción
Promesa Compromiso
Hacienda Economía
Horizontal Vertical
Terrenal Espiritual
Imperio Manejo
Multiplicidad Unidad
Analogía Identidad

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Primero que todo, hay que decir que hay mujeres un poco más masculinas, y hombres un poco más femeninos —sin menoscabo absoluto de la feminidad y la masculinidad de cada uno. Esto significa que el elemento femenino a veces lo aporta el hombre, y el elemento masculino a veces lo aporta la mujer. En estos casos —que sólo son algunos de los pares, como por ejemplo expansión-equilibrio o emprendimiento-estabilidad, pero no así para casos como existencia-conciencia o creatividad-formatividad— la tabla ayuda a comprender el equilibrio de las fuerzas femenina y masculina, más que quién de los dos la aporta.

No quisimos incluir en la tabla el par tradicional que dice que la mujer es cuerpo y el hombre es cabeza, porque podría ofender a algunas personas. Lo que ocurre es que esa imagen de la mujer como cuerpo y el hombre como cabeza —un símbolo uni-dual que proviene del Cabalismo, semejante al del Tao = Yin + Yang)— no ha sido bien comprendida. Desde el punto en que nuestras culturas colocan a la cabeza y a la razón en una posición privilegiada con respecto a lo corporal y sensual, esta alegoría de la mujer-cuerpo y el hombre-cabeza implicaría una inaceptable e inútil subordinación de la mujer al hombre, desastrosa incluso en términos prácticos. No debe haber subordinación de la mujer al hombre ni del hombre a la mujer: eso es un absurdo improcedente, que no les dejará funcionar con eficacia en lo que sea que se propongan en la vida.

Esta tabla parece algo esotérico, pero en realidad contiene un conocimiento muy práctico para armonizar las energías de la mujer y el hombre, lo cual enseguida pasamos a explicar con un ejemplo. Tomemos algunos pares de la tabla, para explicarlos un poco en conjunto. Tomemos el par que dice que la mujer es el poder y el hombre es la fuerza; otro par que es muy semejante: el que dice que la mujer es energía y el hombre es dirección; y otro par: el que dice que la mujer es amor y el hombre es autoridad. Con estos tres pares formemos un ejemplo hipotético que los implique a todos juntos.

Que la mujer sea poder, energía y amor, y el hombre sea fuerza, dirección y autoridad, no quiere decir que el hombre mande y la mujer obedezca, y ni siquiera lo contrario. En realidad ambos mandan y ambos obedecen, o más bien, ya como una sola cualidad unificada: ambos gozan de la capacidad de regir con verdadera inteligencia la dirección que va tomando la relación —superando cualquier confusión típica de la vida cotidiana. Esto lo que llanamente significa es que cada uno de ellos aporta su energía al nuevo ser, la relación, que ambos juntos son, y que serán juntos una entidad más completa y autónoma, que puede tanto tener capacidad para concebir una realidad conveniente (lo femenino) como la capacidad de proponer lo que específicamente se hará (lo masculino) para conseguir los objetivos cuya realización permita que la realidad concebida por la mujer se vuelva realidad concreta. Dentro de cualquier actividad que ellos estén haciendo, sea el que sea que de los dos, de momento, diga qué hacer —ese rol cambia de una circunstancia a la otra—, y sea cual sea que diga cómo hacerlo, ambos, mujer y hombre, estarán disfrutando de la gran ganancia que es compartir en la vida sus energías básicas, opuestas y complementarias. Esto es interdependencia sana, no dependencia patológica mutua.

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Este intercambio de energías elementales, en las relaciones de pareja normales pasa, pero pasa muy poco. En las relaciones profundas sí pasa mucho más. Esto se cumple en alguna medida espontánea al inicio de las relaciones, y se va deteriorando a medida que el ego va emergiendo e instaurándose. Con el ego de ambos interponiéndose entre ellos, la mujer y el hombre comienzan a dejar de darse mutuamente las energías que se daban y que naturalmente se deben dar, y paradójicamente, este no darse lo que se deben por naturaleza, hace que el hombre y la mujer se vuelvan más dependientes patológicamente uno del otro, cada uno buscando en el otro con obsesión eso que ya no se dan pero que necesitan para vivir.

La herramienta para establecer un verdadera interdependencia sin dependencias excesivas, es el sexo profundo y bien hecho, a través del cual el hombre y la mujer intercambian y reúnen sus energías primordiales, y así profundizan en su relación; pero increíblemente es esta misma reunión energética la que los lleva a convertirse en seres más individuales, más realizados y plenos en sí mismos, sin dependencias patológicas mutuas, como los celos, las dudas, la competencia entre ambos, las demandas emocionales, o incluso el hecho de descalabrarse uno si el otro por algún motivo falta, temporal o incluso definitivamente.

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