Hay características naturales del sexo en la tercera edad que no sólo los jóvenes sino incluso los adultos mayores debieran aprender a desarrollar. La tradición sexual errónea ha forzado a los adultos mayores a rechazar su propia sexualidad, obligándolos a “rejuvenecerse” mediante peligrosos fármacos y cirugías, confinándolos a creer que las características del sexo en la tercera edad son como “reliquias” de una sexualidad menguante. Cuando la verdad es que son estos caracteres del sexo en la tercera edad los mismos que todas las antiguas sabidurías recomiendan a cualquier edad para tener un acto sexual mejor.
QUÉ DEBEMOS APRENDER TODOS DEL SEXO EN LA TERCERA EDAD
El sexo en la tercera edad incluye:
– Poca o ninguna importancia a los patrones de belleza física;
– Placidez, ausencia de apuro en el acto sexual;
– Menor interés en la eyaculación;
– Vagina que se toma su tiempo en estar lista;
– Cese o gran disminución de las funciones procreativas;
– Abundancia de tiempo libre que se puede dedicar al sexo.
JUVENTUD VS. EXPERIENCIA
Dentro del vertiginoso mundo actual, estas características sexuales son mal vistas, y se elogian otras relativas a la adolescencia y la juventud. Este elogio de la juventud sexual forma parte de lo que en nuestras culturas actuales puede considerarse un elogio por todo lo joven, y una estigmatización de todo lo no joven. Nuestro mundo es confuso y contradictorio precisamente porque desdeñamos la experiencia de los adultos mayores y ancianos, y así perdemos continuamente nuestro vínculo con lo originario. Nuestro mundo se mantiene siempre adolescente, siempre confuso, siempre ineficaz, y asimismo nuestro acto sexual. Ni fuimos jóvenes con conocimiento, ni nos convertimos en adultos y ancianos que tengan una experiencia efectiva que transmitir a los jóvenes. Es el círculo vicioso de un mundo que desdeña la madurez y la sabiduría.
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