«Las heteras, a las que consideraban superiores a las prostitutas de los burdeles y cuyas artes avalaban esta opinión, eran admiradas por sus cualidades intelectuales tanto como por las físicas, aunque el grado en que cada una obstaculizaba la valoración objetiva de las demás pueda suscitar nuestra cínica incredulidad.

A menudo se las reclutaba para que participasen en el culto de Afrodita. Por ejemplo, en Corinto, ciudad mencionada constantemente en la literatura griega por la famosa licenciosidad de sus habitantes. «Resultaría muy difícil exagerar la disolución y la lujuria de esta antigua metrópolis del comercio, tan opulenta y tan favorecida por la naturaleza», afirma Licht. O, según el insustituible Ateneo: «Existe en la ciudad la costumbre de atraer, cuando ofrece sus plegarias a Afrodita, el mayor número posible de heteras para la gran procesión, y ellas rezan a la diosa y están presentes en los sacrificios y el banquete sacrificial.» La prostitución consagrada se ejercía en distintas localidades, especialmente en Corinto, Chipre y Abidos. Los ganadores de los Juegos Olímpicos solían presentar a los respectivos templos una ofrenda de muchachas jóvenes.

Estrabón escribió acerca del templo de Afrodita Porne

[prostituta, meretriz] en Corinto: «El templo de Afrodita era tan rico que podía mantener a mas de mil heteras, dedicadas a la diosa por hombres y mujeres. Estas jóvenes atraían a tantos extranjeros que la ciudad se enriqueció gracias a sus visitas. (El hecho mismo de que Afrodita no solo pudiera aparecer como diosa del amor, sino  también como Afrodita Meretriz, demuestra el realismo con que el mundo helénico contemplaba la naturaleza humana.)

Luciano escribió sobre el templo de Biblos: «En Biblos vi también el gran templo de Afrodita y me familiaricé con las orgías que allí son habituales»».

(Tomado de Burgo Partridge: Historia de las orgías.)