Este artículo aborda el mito taíno de la creación de la vulva en mujeres que antes no la tenían, tal como esto es narrado en la primera crónica española de la conquista de América, es decir, el libro titulado Relación de las antigüedades de los indios, cuya información fue recogida de boca de informantes taínos y escrita en época muy temprana, entre los años 1494 y 1498, por el fraile jerónimo catalán Ramón Pané —quien viajó al Caribe con Cristóbal Colón en su segundo viaje.

La Relación… de Pané puede considerarse una verdadera epopeya taína, en tanto narra los mitos de creación de esa cultura arahuaca antillana, los nombres y peripecias de sus dioses y héroes, las tradiciones de los pobladores, y otras muchas particularidades étnicas.

Para todas las citas de la crónica de Pané estaremos usando la misma traducción que usó el profesor cubano José Juan Arrom, uno de los más grandes estudiosos del Caribe aborigen de todos los tiempos. Pero antes de pasar a la narración de cómo las mujeres tuvieron vulva, debemos apuntar algunos otros detalles generales.

 

GUAHAYONA, EL INCESTO Y LA EXOGAMIA

Entre las muchas cosas que Atabey —forma recortada o apócope de Atabeira, el nombre de la Diosa madre de los taínos, que también era llamada Guácar o Señora del Buen Parto, y Apito la Infinita— entre las muchas cosas que esta diosa dio a su pueblo taíno, tales como el amor, el sexo, la procreación, y un feliz paraíso después de la muerte llamado coaybay, al parecer no les había dado aún la exogamia.

La exogamia, es decir, la institución social de casarse con personas que no sean miembros de la propia familia o de la propia tribu —lo contrario de la endogamia o institución de casarse con miembros de la propia familia o tribu—, ha estado siempre muy relacionada con el tabú del incesto, es decir, la prohibición de practicar sexo con la propia familia. Practicar la exogamia para no incurrir en incesto, parece ser uno de los tabúes sexuales más comunes a la humanidad de todos los tiempos y lugares —aunque no es una práctica absoluta, pues algunas sociedades de antaño, e incluso de hoy, sí permiten el sexo y el matrimonio entre familiares.

A través de la crónica de Pané podemos conocer a Guahayona, uno de los principales héroes culturales taínos, que al parecer creó para ellos el conveniente tabú de la exogamia. Guahayona es de los primeros héroes taínos conocidos, y es el primero en tener un papel relevante dentro de la mitología taína conocida.

Un buen día, Guahayona —aparentemente para ganancia personal, pero en realidad por motivos más fuertes— decide llevarse hasta más allá del mar a todas las mujeres de la tribu, motivo por el cual —como veremos más adelante— los hombres se sintieron sumamente tristes y tuvieron que agenciárselas para tener mujeres nuevamente. La astucia de Guahayona le lleva a usar un ardid para poder separar a las mujeres de sus hombres y sus hijos, pues sabía perfectamente que de otro modo no lograría semejante ruptura. Si hubiera sido para su propio provecho, hubiera permanecido en la nueva isla rodeado de mujeres; pero en cambio se marchó: a fin de cuentas, también él era consanguíneo con ellas —como puede verse en un episodio posterior narrado en la crónica.

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DE CÓMO LOS HOMBRES VOLVIERON A TENER MUJERES

Luego de que Guahayona escapara con todas las mujeres, en aquellas tierras míticas los hombres quedaron completamente entristecidos sin la gracia femenina, y desesperaron por estar con ellas otra vez. Cómo tuvieron mujeres de nuevo, es algo que también narra la crónica de Pané. La propia Tierra los ayudó por vías mágicas:

“Dicen que un día fueron a lavarse los hombres, y estando en el agua, llovía mucho, y que estaban muy deseosos de tener mujeres; y que muchas veces, cuando llovía, habían ido a buscar las huellas de sus mujeres; mas no pudieron encontrar alguna nueva de ellas. Pero aquel día, lavándose, dicen que vieron caer de algunos árboles, bajándose por entre las ramas, una cierta forma de personas, que no eran hombres ni mujeres, ni tenían sexo de varón ni de hembra, las cuales fueron a cogerlas; pero huyeron como si fuesen anguilas. Por lo cual llamaron a dos o tres hombres por mandado de su cacique, puesto que ellos no podían cogerlas, para que viesen cuantas eran, y buscasen para cada una un hombre que fuese caracaracol, porque tenían las manos ásperas, y que así estrechamente las sujetasen. Dijeron al cacique que eran cuatro; y así llevaron cuatro hombres, que eran caracaracoles. El cual caracaracol es una enfermedad como sarna, que hace al cuerpo muy áspero. Después que las hubieron cogido, tuvieron consejo sobre como podían hacer que fuesen mujeres, puesto que no tenían sexo de varón ni de hembra.

[…]

Buscaron un pájaro que se llama inriri, antiguamente llamado inriri cahubabayael, el cual agujerea los árboles, y en nuestra lengua llamase pico. E igualmente tomaron a aquellas mujeres sin sexo de varón ni de hembra, y les ataron los pies y las manos, y trajeron el pájaro mencionado, y se lo ataron al cuerpo. Y este, creyendo que eran maderos,  comenzó la obra que acostumbra, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las mujeres. Y de este modo dicen los indios que tuvieron mujeres, según cuentan los más viejos”.

El estudioso portorriqueño Stevens-Arroyo da una interesante interpretación al mito de la apertura de la vagina de los seres asexuados mediante el pájaro pico. Dice que representa un rito de paso de pubertad femenina. El pico de inriri simboliza el inicio de la vida sexual de las vírgenes que han llegado a la pubertad, quienes, no siéndolo antes, en ese momento comenzaban a ser verdaderas mujeres. La iniciación sexual de las muchachas taínas resultaba interesante desde muchos puntos de vista. (Cfr. Antonio M. Stevens-Arroyo: Cave of the Jagua. The Mythological World of the Taínos; y José Barreiro: The Indian Chronicles.)